
Seguramente cuando piensas en Japón no solo relaciones a esta nación con una gran variedad de comida exótica, hermosos paisajes llenos de cerezos, antiquísimos templos o con incomparables y excéntricas costumbres. Al traer a nuestra mente al país nipón en todo su contexto lo relacionamos con una manera particular de ver el mundo y es que para muchos de nosotros es bien sabido que en la historia de Japón han confluido algunas de las más profundas e interesantes filosofías.
Una de ellas es el Wabi-Sabi, un término casi imposible de definir pero que resulta increíblemente importante si se quiere analizar la óptica de la estética japonesa. Este término que por un lado es intraducible, por otro, tiene un carácter casi indefinible. Pues parece que es sumamente normal fallar a la hora de intentar comprender el concepto.
El término Wabi-Sabi viene del taoísmo chino y nace específicamente durante el reinado de la dinastía Song en China (960-1279). Más adelante se transmitió al budismo Zen. Se cuenta que los antiguos practicantes del Zen durante meditaciones de profunda contemplación murmuraban la expresión Wabi-Sabi, y la acompañan de la palabra ¡muri! qué significa imposible cuando alguien preguntaba por el significado.
Sin embargo, llegando a un entendimiento de lo que Wabi- Sabi quiere expresar, Wabi significa «la elegante belleza de la humilde simplicidad» y Sabi «el paso del tiempo y el subsiguiente deterioro». Lo cierto es que, aunque estas definiciones solo nos acercan un poco al verdadero concepto, es importante resaltar que esta filosofía refleja un sentido único y una manera de ver y entender la vida desde lo natural, lo imperfecto, lo simple y lo transitorio, convirtiéndose en un elemento fundamental de la cultura japonesa.

El Wabi-Sabi se puede aplicar a una gran cantidad de cosas como a la arquitectura, a la cerámica, al arte y a arreglos florales. Para comenzar a introducirnos al concepto, podemos remontarnos al antiguo arte del wabi-cha, un estilo de ceremonia del té establecido por Murata Jukō y Sen no Rikyū de finales del siglo XV.
Estos maestros implantaron una verdadera revolución al cambiar las piezas “perfectas” de cerámica china por la cerámica común japonesa. De esta manera se reemplazaron las pinturas brillantes, los acabados finos y las figuras cuidadosamente trazadas por detalles y piezas rústicas e imperfectas. La idea en ese entonces fue la de empezar a observar y sentir aquellos colores, texturas y formas que hasta ese momento eran desapercibidas.

En la actualidad artista como Kazunori Hamana plasman en cada una de sus creaciones el concepto de Wabi-Sabi. Para el artista, materiales naturales como la arcilla tienen un carácter cambiante. Elementos como la textura y el color son modificaciones por el paso del tiempo y la naturaleza. Hamana crea piezas únicas que resaltan lo imperfecto así como la importancia del paso del tiempo.


Al entender la complejidad del Wabi-Sabi, nos damos cuenta que no es solo una forma de arte imperfecto y rústico. Es toda una visión de la estética y de la vida, una forma de comprender nuestra existencia desde lo fugaz y lo transitorio, pero en ese sentido también desde lo bello. Nada dura, nada está completo y nada es perfecto. Al conservar y abrazar lo imperfecto y encontrando las bellezas en las fallas, encontramos la fuerza para hacernos mejores y para afrontar las complejidades de la vida. Eliminar o querer olvidar nuestras propias abolladuras es pretender negar las situaciones difíciles. ¿Y tú, ves la belleza en las cosas imperfectas?
